
En La Sexta este domingo encontré, mientras zappeaba El Aprendiz. Un nuevo reality donde han reunido a mujeres y hombres para competir por un puesto en la empresa de Lluis Bassat -en la versión americana, figuraba D.Trump-. No vi el principio, pero sí ví la primera prueba que les tocaba hacer y que llevaría aparejada el primer despido.
Prueba: dividos en dos equipos –una “poco previsible” división por sexos-, cada equipo tenía un líder designado y su misión era vender encurtidos en un mercadilo y de puerta a puerta. Total, que ganaba el equipo que más ganancias obtuviera con la venta.
La particularidad de la prueba era que cada equipo, chicas por un lado y chicos por otro, tenían que dividirse en dos subequipos: uno para el mercadillo y otro para la venta itinerante.
En la rentabilidad final perdieron los chicos, pese a su convencimiento de que habían sido mejores que ellas; eso sí: con ganancias pírricas ya que ninguno de los dos equipos llegó a ganar con la venta de aceitunas, pepinillos y demás artilugios más de 90 euros, creo recordar.
Perdieron ellos, decía, y es cuando la figura de Lluis Bassat aparece para elegir qué persona del grupo perdedor ha de ser despedida. Por la propia dinámica del programa, parece que siempre habrá tres candidatos a ser despedidos: el líder del grupo perdedor y dos personas de su equipo que son elegidas por el propio líder.
Y bien, nos encontramos con lo siguiente: el líder –Juancho- elige para candidato a despido a la persona a la qué el mismo había seleccionado para encargarse del equipo itinerante –“se merece ser despedido porque no supo dirigir a su equipo”, Juancho dixit- y elige también al pobre chico que se había encargado de calcular los precios de los encurtidos de venta a domicilio. Su mal cálculo hizo que vendieran por debajo del propio coste de los encurtidos, y de no haber hecho mal esa operación numérica, el grupo de los chicos en su conjunto hubiera ganado.
Como todo buen juicio, cada candidato a ser despedido tiene voz para defenderse:
El líder de todo el equipo –nuestro amigo Juancho- dice que habría que despedir al chico en el que delegó la venta itinerante porque “está claro que no sabe hacerlo” y que “no tiene las habilidades necesarias para dirigir al grupo y para saber que se estaban haciendo mal las cosas”. Y se queda tan pancho, Juancho.
El encargado de la venta itinerante –un joven de nombre Ángel- se defiende diciendo que a él no le explicaron cuando le hicieron responsable lo que tenía que hacer ni cómo tenía que hacerlo. Y su candidato para ser despedido –el que propone Ángel- era el que hizo mal los cálculos. No se atrevió, en mi opinión, a enfrentarse al “jefe” que “delegó” en él la responsabilidad de los itinerantes. Era todo un poema verle la cara cuando Juancho le ponía de incompetente “pá rriba”.
Y el pobre que calculó mal el precio de venta entonó un sonoro mea culpa y dijo que si no había sido capaz de calcular bien merecía ser despedido.
Lluis Bassat, en su papel de Gran Hermano que todo lo ve y que hasta puede juzgar, decide despedir –eso sí, valorando su honradez por admitir el error- al chico que aún ahora debe estar pegado a una calculadora intentando descubrir dónde estuvo su error.
Lo realmente impresionante fue observar que en ningún momento, ni en el autobús de vuelta a la mansión de El Aprendiz, había en el líder Juancho ni el más mínimo asomo de duda sobre su propia responsabilidad al respecto. Era el responsable de la venta itinerante, para asombro del propio chico, quien no había cumplido con su función. Una función que no le había sido realmente delegada. Porque delegar, querido, no es pasar una tarea así, a la brava, a otra persona a la que acaban de presentarnos, a la que no conocemos ni habilidades ni conocimientos y a la que no le decimos qué esperamos de ella ni tan siquiera a un nivel mínimo. “Pensé que eras capaz de dirigir al equipo, y no supiste hacerlo”, le soltó tan pancho y tan ancho.
Y digo yo: ¿cuántas horas de formación son necesarias para mejorar el modo en el que se calculan costes, beneficios y precio de venta? Por el contrario, ¿cuántas horas de formación son necesarias para conseguir que alguien entienda lo que es delegar, aprenda a asumir su responsabilidad en la dirección de un equipo de trabajo, aprenda a asumir sus propios errores, aprenda a no culpabilizar a la figura del otro como primer impulso para salvar el propio trasero? Como este programa habla de rentabilidades hasta en la sopa, Juancho resultará, al menos en costes de formación, mucho más caro que el hombre-calculadora así que hubiera sido mi candidato para salir de la "academia".
Dice Lluis Bassat que “Despedir es muy duro pero hay que hacerlo si se quiere ser justo”. Pero para mí lo justo, de tener que despedir a alguien porque esto es un reality y alguien tiene que quedar, hubiera despedido a Juancho - Diplomado en Administración y Dirección de Empresas, en Marketing y en Informática Empresarial- por incompetencia en su liderazgo pero sobre todo por culpabilizar a "su subordinado delegado" sin asumir su propia parte de responsabilidad: lo que hiciste no era delegar. Y nadie, ni Bassat, le hizo ningún comentario al respecto.
Javier Martín, Master en Bussines Administration en ICADE, que fue quien calculó mal el precio de venta, ya ha aprendido de su error más de lo que le enseñaron en el Master. El próximo cálculo que le toque hacer habrá de ser el mejor de su vida. ¿Para qué despedirle?
Y sobre Ángel Suárez, el que asumió tranquilamente sus tareas “delegadas”, Publicidad y Relaciones Públicas, qué decir…. Que ya tiene en la cabeza de quién no fiarse de aquí a que acabe el reality. Eso ha conseguido, también, el amigo Juancho. Hablando de rentabilidades "emocionales", por cierto...
Tal vez sigamos informando, si otro zapping me da la oportunidad de seguir ¡aprendiendo! de estos aprendices.
(PD: recomiendo no perderse este reality, por lo menos el momento en el que les encomiendan un objetivo y ell=s solit=s han de repartirse el trabajo. El grupo de las chicas, por ejemplo, empezó a vender sin saber qué precio podrían tener los productos. Im-prezionante.)
(Pd2: otro día hablaremos del estereotipo estereotipado de "la secre" de Lluís Bassat)
(Pd3: sí, lo sé. He caído en un reality. Pero mejor este que otros, no?)