Y llegamos a la ¿no-última? sesión del Taller. Esa en la que tocaba reflexionar sobre el papel que jugaremos a partir de ahora en nuestro quehacer diario de consultoría y sobre si tenemos algún tipo de futuro como ¿Grupo?.
Tal y como lo he vivido, el Taller podrá darse por bueno si cada cual hemos inclinado la balanza hacia el lado en el que estamos nosotr=s y nuestro potencial;
si hoy, más que ayer, creemos que está en nuestras manos cambiar nuestros modos de hacer y, por ende, el impacto que producimos en estructuras y personas. Sobre todo, en personas.
Con corazoncito, además, las personas...
Y digo lo de inclinar la balanza, pero no he dicho de qué dos lados se compone. Así que me explico: podemos balancearnos hacia el estilo de atribuciones que surgen desde un
locus de control externo -la responsabilidad no es mía, soy un simple objeto, no tengo capacidad de decidir, todo me viene dado, etc.- o hacia el lado formado por atribuciones marcadas por el
locus de control interno -tengo capacidad de influir, yo decido, no soy una hoja al viento, etc.-. Porque, además, no lo he dicho, el locus de control lo ponemos habitualmente fuera de nosotr=s cuando nos posicionamos ante una situación, generalmente valorada como mala, y cuando nos resulta más cómodo creer que no podemos controlarla, en la esperanza de que ella sola cambie. O en que aparezca una varita mágica, que nunca aparece, por cierto.
Que sí, que ya lo dijo aquel. Que
Podemos. Y que se lo digan, si no, al hermano pobre del perro de Paulov: otro perro al que
le provocaron indefensión aprendida en un experimento -"aprendió a creer" que él no tenía capacidad de controlar las descargas eléctrica que sufría-. Y así vamos las personas también, dando por sentadas las descargas que nos da mucha veces la vida. La vida consultoril no se queda atrás, y también aquí tenemos un buen maletín de herramientas para convencernos y autocomplacernos cuando por las mañanas creemos que no estamos aquí para cambiar el mundo. El mundo no lo sé, pero
a las 9h tienes una reunión en una empresa. ¿Y si empiezas por ahí?En el Taller nos ha tocado trabajar las
creencias -repito: creencias- que nos pueden posibilitar hacer un nuevo tipo de consultoría y aquellas otras que nos pueden estar limitando para lo mismo. Creencias sustentadas en un locus interno por doquier, y también alguna que otra creencia que, de tan externa y tan lejana, desmotiva...
Y sobre el miedo a equivocarse, sólo queda hacer un aprendizaje previo: "
La garantía no existe". Para nada en ningún sitio ni asunto nunca para nadie. Y este bálsamo liberador ha de ser nuestro último avituallamiento. Sentirse prisioner= del deseo de éxito, lastra. Y vaya si lo hace...
Así que sólo toca empezar a andar el camino, acompañado del perrillo del experimento -pero ya con la indefensión desaprendida!-, buscando otras almas que se hayan decidido a explorar el mismo territorio desde su papel de consultor=s. Y ahí esperamos coincidir ¿todas/muchas/algunas/pocas? de las personas que hemos tomado parte del Taller. Porque no se trata de crear un Grupo artificial; ha de ofrecer nuevos enfoques siempre, novedades, aprendizajes compartidos, para que este Grupo aún hoy no cohesionado empiece a tomar forma y comparta.
Y me quedo con dos aportaciones: la de Mikel -"
basta ya de tanto buenismo, hay disenso pero sólo se ve consenso; sois diferentes, lo sabéis, pero no se nota; se oyen las mismas obviedades cuando seguro que el discurso por dentro es otro"- y la de Borja -"no se puede estar
sin permiso para jugar, esperando que el permiso te lo den desde fuera"- Esto recuerda a eso del locus, ¿verdad? Y me quedo también con las voces que, también, resuenan animando a
pasar a la acción despúes de un Taller en apariencia téorico -sólo en apariencia-.
No tod=s pasaremos/pasarán a la acción. Pero es cierto que también que esta consultoría sólo será válida para quienes aprendan a hacerse un
cuerpo sin órganos. ;)
-¿A que sí, perrutxo?-, le pregunté.
-Guau-...... Y Guau significaba "Sí"....